| nightmare dice: Capìtulo: IV
Se levantò de la cama, media aturdida por algo que aùn no sabìa bien que era. Bostezò, intentò peinarse con la mano (siempre se levantaba toda despeinada, ya que cuando dormìa se movìa bastante en la almohada), y apoyò un pie en la alfombra de la habitaciòn.
Antes de salir del cuarto recordò vestirse. Dormia desnuda desde pequeña y jamàs pudo acostumbrarse a usar pijama. Màs allà de que viviera sola, quedaba mal salir de la habitaciòn con el traje de Eva.
Sin prender las luces se dirijiò directamente a la cocina a preparar cafè. "No, cafè no" Pensò. Caeria de nuevo en la sutil trampa de los recuerdos.
"Un tè mejor. Si, un tè serìa lo mejor." Le dijo animada a la cafetera que reposaba en las pequeñas baldosas unidas entre sì de la mesada.
Levantò las cortinas de la casa para que la luz del sol ingresara y le diera un poco de vida a su solitaria cueva. Por lo menos no estarìa sola, el sol la acompañarìa un tiempo, al menos.
Se sentò en la mesa y tomò su tè. En el primer sorbo comprendiò por què se habìa levantado tan aturdida de la cama. Otra vez aquella frase la estaba atormentando, como lo habìa hecho la mayor parte de los dìas desde aquel momento.
"No te voy a herir nunca pero nuncaaaaaa".
¡HIJO DE PUTA! Gritò, antes de sumergirse de nuevo en el reconfortante aroma del tè caliente.
Era un dìa domingo. Otro patètico dìa domingo, pero con Sol. Sophia odiaba los dìas domingos por su escasa productividad, salvo el hecho de poder dormir hasta un poco màs tarde.
El rostro de aquel amor platònico la derretìa en cuanto se le venìa en mente. Pero èsto conjugado con aquella frase se convertìa en una lucha interna de amor-odio.
La mirada de Sophia estaba absorta en su tè. Sus ojos no emitìan ningùn tipo de emociòn, aunque se podìa distinguir muy a lo lejos una pequeña làgrima que luchaba por poder salir a la superficie. Tenia los pies descalzos arriba de la silla y los brazos rodeaban sus piernas. El mentòn estaba apoyado en sus rodillas y con ambas manos sostenìa la taza de tè, que estaba justo en frente de su boca. Como de costumbre solìa usar como "ropa luego de dormir" una remera larga y negra, que tranquilamente podrìa usar de vestido si no fuera por el hecho de lo ancha que era, y de las pocas curvas que le formaban.
En ese momento supo que se habìa levantado con el pie izquierdo. Un dìa domingo con el pie izquierdo.
"¡ que agradable!" mascullò mientras daba el ùltimo sorbo de tè, que ya estaba tibio.
Apoyò la taza en la mesa, bajò las piernas y se asomò la la mesita donde estaba el televisor. Allì guardaba sus cigarrillos de repuesto, ya que se habìa quedado sin ellos la noche anterior. Prendiò uno y disfrutò la placentera y dulce humareda de la pimera pitada. Caminò de aquì para allà, entre el comedor y la cocina con el cigarrillo en la mano.
"Te resignè, una vez màs tuve que resignarme a vos". Y la làgrima escondida por fin saliò a la luz.. Rodò por la mejilla y cayò en el pie. Sin pensarlo se diò cuenta de que aùn sus uñas de los pies estaban pintadas con esmalte negro.
Sophia golpeò contra la pared con la mano libre en forma de puño. Se quedò un rato contemplando el agujero que habìa dejado, apoyàndo su cuerpo contra la pared, mientras otra làgrima rodaba por su mejilla.
Diò la ùltima pitada a su cigarrillo y lo tirò en el piso. |